En una nueva muestra de prepotencia que pone al mundo de rodillas, Irán decidió restringir el paso en el Estrecho de Ormuz, el embudo por donde pasa el combustible de todo el planeta. Bajo la excusa de criticar el bloqueo de Estados Unidos, el régimen de Teherán vuelve a usar el petróleo como un arma de extorsión, generando una indignación que se siente en los surtidores de cada rincón del globo.
Esta provocación no solo busca desafiar el poder de Washington, sino que toma como rehenes a las economías que dependen de la estabilidad del crudo. ¿Es una defensa de la soberanía o simplemente un acto de matonismo internacional que nos perjudica a todos? Mientras los líderes mundiales debaten en despachos con aire acondicionado, la gente común mastica bronca ante la posibilidad de un nuevo aumento en los costos de vida por un conflicto que parece no tener fin.
La indignación crece ante un escenario donde la paz parece menos importante que el control de un paso marítimo.
