En medio de las constantes discusiones sobre el estado de la salud pública, los profesionales del Hospital Tránsito Cáceres de Allende dieron una lección de capacidad al realizar una cirugía hepática de altísima complejidad. Mientras la gestión política suele ser el foco de las críticas, este éxito médico pone en evidencia que el verdadero motor del sistema es el capital humano que logra proezas técnicas en condiciones que no siempre son las ideales.
El procedimiento, realizado en varias etapas, salvó la vida de un paciente mediante una técnica que es referencia a nivel internacional. Es un hecho que genera una pregunta obligada: ¿Cuánto más podría lograr la salud cordobesa si el presupuesto estuviera a la altura del talento de sus médicos? Este triunfo en el quirófano valida el orgullo de los trabajadores, pero también reaviva el debate sobre las prioridades en la inversión pública, donde los resultados exitosos parecen depender más del esfuerzo profesional que de la infraestructura estatal.
