La realidad del mercado inmobiliario cordobés ha pasado de preocupante a insostenible. A pesar de los intentos de desregulación, la oferta de inmuebles para vivienda permanente se encuentra en niveles de asfixia, mientras que los precios de los nuevos contratos escalan por encima de cualquier índice de actualización salarial. Esta situación valida el drama de miles de familias y estudiantes que ven cómo el sueño de la vivienda propia es reemplazado por la pesadilla de no poder pagar un techo.
Mientras los grandes desarrolladores y las cámaras inmobiliarias hablan de «estabilización», en la calle la situación es otra: departamentos que desaparecen de los portales en horas y exigencias de ingreso que parecen barreras infranqueables. Esta crisis habitacional es una bomba de tiempo que la política no logra desactivar. ¿Hasta cuándo se puede sostener un mercado donde el derecho a la vivienda queda subordinado a la rentabilidad extrema?
La falta de unidades disponibles en barrios céntricos y pericéntricos genera una competencia salvaje que expulsa a los trabajadores hacia la periferia, profundizando la desigualdad en una ciudad que crece en torres vacías pero no en hogares accesibles.
