Vecinos de la capital acumulan más de 100 días sin servicio continuo en el año. La combinación de deterioro en la infraestructura, pérdida de personal capacitado y un déficit de lluvias agrava un problema que amenaza la economía y la salud pública.
La crisis en los servicios básicos de Puerto Rico sumó un nuevo capítulo crítico con el desabastecimiento de agua potable que afecta a miles de ciudadanos en el área metropolitana de San Juan y sectores turísticos como el barrio Machuchal y la calle Loíza. Según registros de los propios vecinos organizados en la coalición Exigimos Agua, en lo que va del año se han contabilizado más de 118 días con interrupciones del suministro, superando ampliamente las fallas registradas en el servicio eléctrico.
El origen de la contingencia responde a múltiples factores estructurales y climáticos. Por un lado, la falta de mantenimiento y desinversión en instalaciones clave como el Superacueducto —una arteria hídrica de 26 años que abastece a 15 municipios— y plantas principales como Sergio Cuevas y Enrique Ortega. A esto se le suma el reclamo por un presunto mal manejo operativo en la apertura de válvulas por parte de personal de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) y una pérdida sistemática por filtraciones que supera el 40% del agua producida diariamente.
La situación se vio agravada durante el verano por un cuadro de sequía meteorológica que mantiene al 85% del territorio bajo condiciones moderadas o severas según el Monitor de Sequías de EE.UU. Ante el descontento social y judicial —que incluyó demandas del propio municipio de San Juan contra la empresa estatal—, el Gobierno anunció un plan de inversiones en infraestructura hídrica por 7.000 millones de dólares, mientras la comunidad convoca a nuevas movilizaciones en reclamo de soluciones urgentes.
