El próximo viernes, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, protagonizará su primera visita oficial a Córdoba, una provincia que históricamente le ha dado la espalda al kirchnerismo. El escenario elegido es el Congreso nacional de FATSA en La Falda, donde compartirá escenario con Héctor Daer. Este movimiento es parte de un meticuloso plan de construcción política para 2027, donde el bonaerense intentará demostrar que su figura puede trascender la General Paz y calar en el electorado mediterráneo.
La visita se organiza con un cuidado quirúrgico de las formas. Kicillof se moverá «con pies de plomo» para no generar ruidos innecesarios con Martín Llaryora. Si bien ambos gobernadores comparten críticas a las políticas de Javier Milei, el mandatario cordobés cuida su «peronismo independiente» y evita cualquier imagen que lo pegue directamente al esquema de La Plata, algo que la oposición local podría usar como munición pesada en su contra.
El equipo de Kicillof ya tiene trabajo previo en la zona: desde apariciones virtuales en actos de Carlos Caserio hasta entrevistas en medios locales. El objetivo político es claro: recuperar ese piso del 30% que el peronismo nacional supo tener en Córdoba en 2019, alejándose del magro 13% que obtuvo Sergio Massa en las últimas generales. «Es un año de siembra», repiten en su entorno, mientras analizan sumar visitas a fábricas o reuniones con gremios locales para completar la tarde del viernes.
El gran desafío para Kicillof será romper el estigma de ser un dirigente exclusivamente bonaerense. En una provincia donde La Libertad Avanza pisa fuerte, el gobernador apuesta a que el respaldo de la CGT y el contacto directo con los delegados sindicales de todo el país sean la llave para abrir una puerta que, hasta ahora, parecía cerrada con llave para su espacio político.
