La diputada nacional abrió la puerta a una candidatura a la gobernación tras la falta de diálogo interno, en una movida que complica el pacto de no agresión del PJ provincial con el gobierno nacional.
La interna del oficialismo en Córdoba ingresó en una fase de alta inestabilidad tras las recientes definiciones de Natalia de la Sota. La fundadora del espacio Defendamos Córdoba dejó abierta la posibilidad de competir por la gobernación, una señal que encendió las alarmas en el Centro Cívico debido a la falta de canales directos de diálogo para contener sus reclamos de representación política.
La posición de la diputada genera un doble impacto en el escenario provincial. Por un lado, condiciona la estrategia del gobernador Martín Llaryora, quien busca sostener un acuerdo implícito de gobernabilidad y no agresión electoral con la Casa Rosada y La Libertad Avanza. Por otro lado, la jugada plantea un dilema para la propia dirigente: la búsqueda de afianzar su base electoral podría derivar en una división del voto peronista que beneficie a la oposición. Ante el deterioro de los puentes políticos, en el panorama oficialista asoma la figura del jefe de Gabinete, Manuel Calvo, como un posible articulador para encauzar la negociación entre los distintos sectores del peronismo cordobés.
