Apenas terminó el partido contra River, miles de hinchas coparon el centro de la Capital hasta la medianoche para celebrar el primer campeonato de Primera División en la historia del club. Postales de llanto, desahogo y un orgullo federal que conmovió a la provincia.
El pitazo final en el estadio Mario Alberto Kempes desató una felicidad contenida durante generaciones y dio inicio a una de las movilizaciones populares más grandes que recuerde la provincia. Tras el agónico triunfo por 3 a 2 frente a River Plate que consagró a Belgrano como el flamante campeón del Torneo Apertura, la fiesta se trasladó de inmediato a las calles. Mientras el plantel daba la vuelta olímpica sobre el césped del Chateau Carreras, a varios kilómetros de allí comenzaba a dibujarse una postal cargada de emoción y pertenencia, transformando al centro de la ciudad de Córdoba en el epicentro de la felicidad pirata.
Apenas concluyó el encuentro, una marea humana vestida de celeste comenzó a converger de manera espontánea en la emblemática esquina de las avenidas Vélez Sarsfield y San Juan. El sector del Patio Olmos y las calles adyacentes de barrio Alberdi se convirtieron rápidamente en hormigueros de hinchas que festejaron hasta la medianoche la obtención del primer campeonato de máxima categoría en la historia de la institución. Las celebraciones estuvieron marcadas por caravanas interminables de autos tocando bocina, banderas flameando desde los balcones y cánticos ensordecedores que salían desde cada rincón del área central.
La jornada de este domingo no representó un título más para el deporte local, y eso se vio reflejado en la profundidad de los festejos individuales. La marea de familias completas que copó las calles de la Capital dejó postales conmovedoras de abuelos, hijos y nietos compartiendo un mismo sueño cumplido, abrazos eternos entre amigos y lágrimas de desahogo por parte de fanáticos que recordaron a los familiares que ya no están y que no pudieron ver este hito. La conquista quebró una barrera histórica para el fútbol de la provincia, dotando a la celebración de un misticismo que los hinchas contarán durante décadas.
El carnaval celeste se extendió de manera pacífica durante varias horas, consolidando una página dorada e irrepetible para el club y para toda Córdoba. Con el correr de la noche, los comercios y edificios céntricos se acoplaron a una fisonomía festiva que demostró el arraigo cultural del Pirata en la comunidad. Los hinchas se desconcentraron entrada la madrugada con la certeza absoluta de haber sido testigos presenciales de un quiebre en la historia del fútbol argentino, sabiendo que la primera estrella de Primera ya descansa en las vitrinas de Alberdi.
