El gigantesco vertedero clandestino cerca de Alto Hospicio, Chile, se convirtió en el símbolo del descarte del «fast fashion» global. El material sintético tarda más de 200 años en degradarse y genera recurrentes incendios contaminantes.
En la región de Tarapacá, al norte de Chile, una acumulación de prendas descartadas que supera las 60.000 toneladas y abarca más de 300 hectáreas del desierto de Atacama se ha transformado en un basural textil de escala planetaria, observable incluso mediante imágenes satelitales. Ubicado en las inmediaciones de Alto Hospicio, el vertedero es el destino final de un circuito comercial que inicia en fábricas de Asia, pasa por mercados de consumo en Europa y Estados Unidos, e ingresa a Sudamérica por el puerto franco de Iquique (Zofri).
El volumen de desechos incluye indumentaria de firmas internacionales como Zara, H&M, Adidas, Nike y Levi’s, en muchos casos con sus etiquetas originales sin estrenar. Dado que gran parte de la indumentaria está confeccionada con poliéster y derivados del petróleo, los textiles no se degradan fácilmente bajo las condiciones áridas del desierto, demorando más de dos siglos en fragmentarse y liberando microplásticos en el ecosistema, además de provocar incendios contaminantes que afectan la calidad del aire de las comunidades locales.
Frente a la crisis ambiental y social denunciada por los vecinos desde hace más de 15 años, han surgido proyectos locales para transformar los residuos en paneles de aislamiento térmico y nuevos hilados. En paralelo, el gobierno chileno busca aplicar esquemas de responsabilidad extendida del productor (REP) para obligar a importadores y comercializadores a hacerse cargo del tratamiento final de los textiles, aunque la escala de reciclaje sigue siendo insuficiente frente al flujo constante de la moda rápida.
