Un contenedor con semillas de tomate Rutgers permaneció en órbita casi seis años tras la parálisis del programa de transbordadores, demostrando una notable capacidad de supervivencia y una germinación acelerada al regresar a la Tierra.
Un accidente espacial convirtió una prueba de rutina en uno de los ensayos de supervivencia vegetal más prolongados de la historia astronómica. En 1984, la NASA puso en órbita la Instalación de Exposición de Larga Duración (LDEF por sus siglas en inglés) transportando la misión SEEDS, un experimento concebido originalmente para permanecer seis meses en el espacio y evaluar el impacto de la radiación solar y el vacío en muestras biológicas. Sin embargo, la tragedia del transbordador Challenger en 1986 paralizó los vuelos espaciales durante 32 meses, obligando a postergar la recuperación del satélite hasta enero de 1990. Al retornar a la Tierra tras casi seis años de exposición continua al viento solar y cambios térmicos extremos, las semillas no solo conservaron su capacidad vital, sino que revelaron alteraciones físicas inesperadas.
El proyecto involucró la distribución de 132.000 kits de semillas entre más de tres millones de estudiantes estadounidenses para comparar su desarrollo frente a un lote de control conservado en la Tierra. Las semillas que viajaron en la LDEF alcanzaron una tasa de germinación del 73,8% frente al 70,3% del lote terrestre, requiriendo además un promedio de ocho días para brotar contra los 8,3 días del grupo de control. Análisis mediante microscopía electrónica explicaron el fenómeno al detectar una mayor porosidad en la cubierta externa de las semillas espaciales, provocada por la radiación orbital, lo que facilitó una absorción de agua más rápida sin generar mutaciones genéticas graves. El hallazgo sobre el almacenamiento hermético de material orgánico sienta precedentes fundamentales para la conservación de cultivos en futuras misiones hacia Marte.
