El último fin de semana dejó al descubierto la magnitud del descontrol en la noche cordobesa. En un operativo cerrojo, se desarticuló una fiesta electrónica ilegal en la autopista Córdoba–Rosario (Villa Posse) con más de 1.000 personas y, lo más grave, la presencia de menores de edad. Este escenario valida la desprotección total: mientras miles de jóvenes se agolpan en predios sin un solo control de seguridad, las autoridades corren detrás de eventos que ya están masificados.
A esto se suma la clausura de un bar en barrio Güemes que excedía su capacidad en un 200%, convirtiendo el local en una verdadera trampa mortal. No se trata solo de «fiestas», es una estructura organizativa que opera al margen de la ley con total impunidad. Los vecinos de Recta Martinolli y Barrio Jardín también alzaron la voz por la falta de higiene y la ocupación de veredas. ¿Hasta cuándo se va a permitir que el negocio de unos pocos ponga en riesgo la vida de tantos? La noche de Córdoba sigue siendo tierra de nadie.
