El senador nacional y el diputado radical volvieron a verse las caras tras meses de distanciamiento. En la charla, De Loredo sugirió que una eventual caída en la imagen del presidente Javier Milei obligaría a los libertarios a negociar candidaturas con el radicalismo, pero se topó con la firme postura del líder del Frente Cívico, quien ya reclama el territorio municipal para sí.
La carrera por el control político de Córdoba de cara al recambio institucional comenzó a recalentarse de forma prematura. Este domingo 21 de junio de 2026, trascendieron los detalles de un tenso reencuentro privado entre el senador Luis Juez y el diputado nacional Rodrigo de Loredo, quienes mantuvieron un hermético mano a mano tras varios meses de frialdad en la relación bilateral. Lejos de acercar posiciones para consolidar un frente homogéneo contra el peronismo de Martín Llaryora, la cumbre expuso fuertes discrepancias estratégicas y un choque directo por las candidaturas para la intendencia de Córdoba Capital, hoy en manos de Daniel Passerini.
Durante la conversación, el dirigente radical expuso su lectura sobre el panorama nacional. De Loredo le confió a Juez lo mismo que le ocultó al armador de la Casa Rosada, Eduardo «Lule» Menem, en un encuentro previo a solas: su hipótesis de que la popularidad del presidente de la Nación sufrirá un desgaste sostenido en la provincia. Según el análisis del jefe de la bancada radical, ese escenario obligará a la estructura libertaria a declinar la postulación del diputado oficialista Gabriel Bornoroni y a sentarse a negociar el armado electoral directamente con la Unión Cívica Radical (UCR).
«Rodrigo cree que el oficialismo nacional no llegará con fuerza para imponer condiciones y que tendrá que buscarlo a él. Juez le bajó el tono de inmediato advirtiéndole que, si Milei flaquea, el Gobierno preferirá acordar con el peronismo cordobés antes que con el radicalismo». — Reconstrucción del debate estratégico interno según fuentes ligadas al armado opositor.
El contrapunto más agudo de la reunión ocurrió cuando De Loredo intentó ratificar su histórica vocación de volver a competir por el Palacio 6 de Julio para suceder a Passerini. La respuesta del exintendente capitalino fue inmediata y canceló cualquier intento de entendimiento: «No, ahí el candidato voy a ser yo», le espetó Juez, clausurando la discusión territorial.
La falta de sintonía en el espacio se evidenció también en los movimientos posteriores de la mesa opositora:
- El asado de la discordia: Pocas horas después de la charla, el juecismo compartió una comida de sintonía política con Gabriel Bornoroni, de la cual De Loredo quedó marginado. Cerca del radical argumentaron que su ausencia se debió estrictamente a problemas de agenda y viajes programados.
- Desconfianza cruzada en Balcarce 50: Desde Buenos Aires, la mesa chica que lidera Karina Milei planea dilatar las definiciones de candidaturas hasta el verano. Aunque Lule Menem le ofreció formalmente a De Loredo sumarse al armado, aclaró que la postulación de Bornoroni en la cúspide de la boleta provincial no es negociable.
- El puente con el PRO tradicional: Al tanto de la inflexibilidad libertaria, De Loredo reactivó sus terminales con el macrismo porteño puro, manteniendo conversaciones paralelas con Valentín Díaz Gilligan, funcionario del entorno del estratega Fernando de Andreis.
En las oficinas de la Casa Rosada, operadores políticos como Diego Santilli también analizan variables de riesgo complejas. El «Cordobesismo» mantiene en carpeta una propuesta alternativa que contempla candidatear a un dirigente de consenso peronista acordado entre los gobernadores del interior, buscando romper el monopolio del voto que hoy ostenta Axel Kicillof. Mientras los armadores nacionales estiran los tiempos, el cruce entre Juez y De Loredo deja en claro que la unidad opositora en Córdoba sigue siendo un objetivo lejano, condicionado por las ambiciones personales sobre la capital provincial.
