En un discurso de máxima tensión geopolítica en Nueva York, el presidente de EE. UU. condicionó la paz en Medio Oriente a un pacto atómico inmediato y aceleró la confrontación con La Habana en la apertura de la 81ª Asamblea General.
Un inicio de sesiones convulsionado marcó la reaparición de Donald Trump ante el estrado de las Naciones Unidas en Nueva York. En el marco del 81º período de debates del organismo internacional, el jefe de la Casa Rosada prescindió de los modismos diplomáticos habituales para fijar un ultimátum directo contra el régimen de Teherán. “O hacemos un trato o los aniquilo”, lanzó el mandatario norteamericano al ratificar que Washington no tolerará un Irán con capacidad atómica. Durante su alocución, justificó las operaciones bélicas en la región al destacar que la Marina de su país custodió el tránsito de más de 1.000 millones de barriles de crudo por el estratégico estrecho de Ormuz, dejando en claro que solo contempla dos escenarios para la República Islámica: la reconstrucción económica mediante un acuerdo o la destrucción a través del poderío militar.
La agresiva doctrina exterior de la Casa Rosada no se limitó a Medio Oriente y tuvo un impacto inmediato en el mapa interamericano. Trump apuntó de forma explícita contra el gobierno caribeño al calificar a Cuba como un «Estado fallido» y advertir que no dudará en recurrir a la fuerza armada para blindar los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región. Las acusaciones provocaron la inmediata reacción de la comitiva diplomática cubana, que abandonó el recinto de la ONU a mitad de la alocución. La demostración de fuerza de Washington fija un tono de alta polarización para la cumbre multilateral, que mantendrá sus deliberaciones en la capital neoyorquina hasta el próximo 28 de septiembre.
