A pocos días de cerrar el cuarto mes del año, los relevamientos de consultoras privadas detectaron un cambio de ritmo en el precio de los alimentos y bebidas, que mostraron una aceleración tras varias semanas de calma. Según informes de LCG, Analytica y EconViews, la dinámica semanal interrumpió la tendencia a la baja que traía el rubro, lo que pone bajo presión el objetivo del Ministerio de Economía de consolidar una fuerte desaceleración respecto del 3,4% registrado en marzo.
El reporte de la consultora LCG fue uno de los más contundentes, registrando un incremento del 1,4% en alimentos durante la tercera semana del mes, impulsado principalmente por los productos de panificación, cereales y pastas (3,2%) y los lácteos (2,6%). Por su parte, la consultora Analytica relevó una suba del 0,5% semanal en cadenas de supermercados, ubicando el promedio móvil de cuatro semanas en 1,2%. Estos datos contrastan con la primera quincena de abril, donde se habían registrado variaciones mínimas e incluso deflación en algunos productos específicos.
Esta aceleración genera una presión directa sobre la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y la Canasta Básica Total (CBT), los indicadores que determinan las líneas de indigencia y pobreza en el país. Cabe recordar que, en marzo, una familia de cuatro integrantes necesitó $644.088 para no ser indigente y $1.397.672 para no caer bajo la línea de pobreza. El ministro de Economía, Luis Caputo, había destacado anteriormente que las canastas venían subiendo por debajo del promedio general, pero el nuevo repunte en lácteos y panificados amenaza con revertir esa tendencia y afectar el poder adquisitivo de los hogares.
El impacto es dispar según el rubro y la región. Mientras que la Patagonia encabezó las subas semanales, las carnes y las frutas mostraron incrementos inferiores al promedio o incluso bajas leves, ayudando a compensar parcialmente el índice general. No obstante, con salarios que todavía luchan por recuperar terreno, el encarecimiento de la canasta básica sobre el cierre de abril representa un desafío para el bolsillo de las familias cordobesas que destinan la mayor parte de sus ingresos al consumo de bienes de primera necesidad.
