En el marco del Día del Trabajador, un informe del Observatorio de la Federación de Profesionales de Córdoba (Fepuc) puso en cifras una transformación drástica: el mercado laboral calificado en la provincia está cada vez más fragmentado. Según los datos recolectados entre 2017 y 2025, la relación de dependencia cayó 16 puntos, obligando a los profesionales a armar un «rompecabezas contractual» donde combinan facturación, contratos precarios y múltiples empleos para llegar a fin de mes.
El estudio evidencia que la estabilidad es hoy un privilegio de pocos: solo el 37% de los profesionales accede a cierta previsibilidad. La precariedad se manifiesta en un desbalance de tiempo alarmante: mientras el 31% está subocupado y necesita sumar más horas de trabajo, el 41% trabaja jornadas extenuantes de más de 10 horas diarias para compensar la pérdida del poder adquisitivo. «La construcción de la carrera ya no depende de un empleo fijo, sino de la capacidad de ensamblar distintas modalidades», advierten desde Fepuc.
Los ingresos también reflejan la crisis de este sector: el 50% de los profesionales cordobeses gana menos de $1.500.000 mensuales y el 72% no logra superar la barrera de los $2.000.000. A esto se suma una brecha de género que no cede, donde las mujeres perciben, en promedio, un 32% menos que sus colegas varones. Además, el riesgo laboral se ha individualizado; la protección social y los aportes jubilatorios dependen hoy casi exclusivamente de la capacidad de pago individual de cada trabajador.
Desde la federación, su presidenta Eugenia Peisino alertó sobre el impacto de la reciente reforma laboral, señalando que la flexibilidad «de facto» ya es una realidad que debilita el acceso a derechos básicos. El informe concluye que, aunque el desempleo en el sector es técnicamente bajo (1,5%), el verdadero problema es la degradación de las condiciones de vida de quienes, a pesar de tener un título universitario, deben trabajar sin descanso y bajo esquemas de desprotección social.
