El Gobierno de Lula da Silva redujo la representación en Buenos Aires al nivel de encargados de negocios. Se trata de la mayor tensión institucional entre las dos principales economías de Sudamérica desde la vuelta de la democracia.
Las reiteradas descalificaciones personales del presidente argentino Javier Milei hacia su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, provocaron el quiebre de la relación diplomática entre las dos economías más influyentes de la región. El Gobierno de Brasil resolvió que su embajador en Buenos Aires, Julio Bittelli —quien había sido llamado a consultas semanas atrás—, no regresará a su puesto. De esta manera, la administración de Lula rebajó la representación en Argentina al nivel de encargados de negocios, un estatus institucional similar al adoptado por España en 2024.
La medida fue notificada por el canciller brasileño, Mauro Vieira, al embajador argentino en Brasilia, Guillermo Daniel Raimondi. El desencadenante de la decisión diplomática responde a las reiteradas declaraciones del mandatario argentino, quien volvió a calificar a Lula de «corrupto», «presidiario» y «basura socialista», además de dirigir críticas contra el juez del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes, en el marco de la campaña del Partido Liberal en São Paulo.
Por su parte, la Cancillería Argentina emitió un comunicado oficial en el que lamentó la medida «adoptada unilateralmente» por el Gobierno de Brasil. Desde el Palacio San Martín señalaron que la decisión de Brasilia implica «continuar aislándose del resto de la región por cuestiones ideológicas» y remarcaron que el Estado argentino optó por no transformar las diferencias políticas en incidentes institucionales. La tensión entre ambos Ejecutivos añade incertidumbre al futuro del Mercosur y profundiza las diferencias geopolíticas entre una Casa Rosada alineada con Washington y un Planalto defensor del multilateralismo.
