Una filtración de documentos internos del Pentágono sacudió este viernes 24 de abril la diplomacia internacional al revelar que la administración de Donald Trump analiza retirar su respaldo tradicional a la soberanía del Reino Unido sobre las Islas Malvinas. La medida surge como una posible represalia de Washington ante la negativa del primer ministro británico, Keir Starmer, de sumar tropas a las operaciones militares contra Irán. Este cambio de postura de la Casa Blanca representaría un quiebre sin precedentes en la relación bilateral anglo-estadounidense y un guiño estratégico hacia el reclamo argentino.
Tras conocerse la noticia, el presidente Javier Milei ratificó la postura de su gestión y afirmó que están haciendo «todo lo humanamente posible para que las Islas Malvinas vuelvan a manos de Argentina». El mandatario nacional, en sintonía con el clima de acercamiento con Washington, sostuvo que la soberanía no se negocia y que su administración trabaja con «cerebro frío al servicio del corazón caliente». El viraje estadounidense coincidiría con el reciente elogio del Departamento de Estado hacia Córdoba y el país por su compromiso contra el terrorismo, anticipando además una mayor asistencia militar y en ciberdefensa para las fuerzas locales.
Por su parte, el gobierno del Reino Unido reaccionó con firmeza ante la versión difundida originalmente por la agencia Reuters. Un portavoz de Keir Starmer desestimó un eventual retiro del apoyo norteamericano y ratificó que la soberanía británica sobre el archipiélago es una posición «de larga data y no ha cambiado». Londres volvió a centrar su defensa en el derecho de autodeterminación de los isleños, recordando el resultado de los referéndums donde los habitantes votaron a favor de seguir siendo territorio británico de ultramar.
Mientras que los medios británicos como la BBC y The Telegraph intentan minimizar la filtración, la tensión entre Trump y los aliados de la OTAN por el conflicto en Medio Oriente parece haber abierto una fisura aprovechada por la Casa Blanca para presionar a sus socios europeos. En este escenario, Argentina refuerza su estrategia diplomática buscando capitalizar su alineamiento con Estados Unidos para avanzar en una solución que devuelva el control de las islas al territorio nacional.
