Las comunidades ancestrales misak y nasa chocaron ferozmente con armas blancas y piedras en una zona montañosa del departamento del Cauca. El Gobierno de Gustavo Petro envió al Ejército para contener la escalada y convocó a una reunión de urgencia.
El suroeste de Colombia se convirtió en el escenario de una de las disputas territoriales más sangrientas de los últimos años entre comunidades originarias. Un violento enfrentamiento por límites de tierras entre los pueblos indígenas misak y nasa en el municipio rural de Silvia, en el departamento del Cauca, dejó un saldo trágico de al menos seis personas muertas y más de 100 heridas. La tensión, que se venía acumulando desde hace meses en la región montañosa, estalló en una batalla campal con palos, machetes y piedras que obligó a la intervención inmediata de las Fuerzas Armadas.
El conflicto se centra en un área que ambas etnias reclaman como propia: los misak aseguran que el territorio es «habitado y cuidado milenariamente» por sus ancestros, mientras que los nasa exigen el control de la misma zona geográfica. Tras los combates, que incluyeron la quema de vehículos, retenciones ilegales y el asesinato de una alta autoridad tradicional misak, el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez Suárez, ordenó el despliegue de tropas del Ejército y de la Policía Nacional para establecer un cordón de seguridad, calificar los hechos de «enfrentamientos absurdos» y frenar una posible venganza.
