El senador del Frente Cívico y el diputado libertario compartieron una cena clave en la casa del legislador Walter Nostrala para acechar el poder del peronismo cordobés. Aunque los rumores sugerían un acercamiento con el radicalismo, los anfitriones aclararon que Rodrigo de Loredo «nunca estuvo invitado», exponiendo los recelos ante sus movimientos individuales.
La arquitectura de la oposición cordobesa acelera sus plazos y define sus márgenes de exclusión con la mira puesta en el sillón de la gobernación. Este martes 16 de junio de 2026, trascendieron los detalles de una cena estratégica realizada el viernes por la noche en la casa del legislador provincial Walter Nostrala, jefe del bloque del Frente Cívico, que funcionó como la nueva postal de la alianza en marcha entre el senador nacional Luis Juez y el diputado nacional de La Libertad Avanza, Gabriel Bornoroni. El encuentro, del que también participó el diputado nacional Gonzalo Roca, ratificó la sintonía fina y periódica que mantienen ambos espacios para estructurar una alternativa competitiva contra el oficialismo provincial de cara a las elecciones de 2027.
La previa de la reunión estuvo marcada por fuertes versiones cruzadas que sugerían una ampliación de la mesa política hacia el radicalismo, específicamente orientadas a una posible participación del dirigente Rodrigo de Loredo. Sin embargo, los armadores del juecismo y el ala libertaria se encargaron de desactivar los rumores de inmediato, asegurando de forma taxativa que el referente de la UCR nunca estuvo invitado al cónclave. Desde el entorno de De Loredo replicaron en sintonía que jamás existió tal convocatoria, aunque el radical alimentó la mística de las redes sociales al publicar un video de campaña en el departamento Unión que iniciaba con la sugestiva frase: “Che, no. No voy a llegar”, interpretada por el mundillo político como un guiño irónico a la tertulia de la que fue marginado.
«La mesa de conducción opositora se va a terminar ampliando en el futuro porque es la única forma de ganarle al peronismo cordobés. Pero hoy, las jugadas individuales y las internas partidarias ajenas congelan cualquier foto apurada». — Análisis de la mesa chica del juecismo sobre los límites de la ingeniería electoral.
A pesar de que los cafés de superficie —como el que mantuvieron Juez y De Loredo el jueves anterior para bajar la tensión tras los roces de la causa Marcos Carasso— buscan maquillar las fisuras, la distancia técnica entre los actores sigue siendo considerable:
- Recelo libertario con la UCR: El espacio conducido por Bornoroni es el que muestra mayor resistencia a sentarse con el radicalismo. Exigen que el partido de la boina blanca ordene primero su conflictiva interna y cuestionan la legitimidad del oficialismo partidario de Marcos Ferrer para extender prórrogas de mandatos.
- Malestar por el lanzamiento prematuro: En las filas de La Libertad Avanza cayó muy mal que Rodrigo de Loredo se lanzara de forma individual a la carrera por la gobernación. Lo interpretan como un condicionamiento personalista antes de haber consensuado un programa de gobierno en común.
- El canal Carrizo: Pese al frío reinante con el deloredismo, los libertarios validan y ratifican a la ex diputada nacional Soledad Carrizo como el único vaso comunicante institucional confiable para entablar diálogos futuros con la estructura de la Unión Cívica Radical.
El «pacto del asado» en lo de Nostrala demuestra que Juez y Bornoroni eligieron la frecuencia de los encuentros reservados para blindar su confianza mutua antes de discutir el reparto de candidaturas mayores. Mientras el peronismo mediterráneo monitorea con atención los movimientos de la capital, el eje juecista-libertario avanza un casillero en la consolidación de su sociedad, dejando en claro que el ingreso del radicalismo a esa mesa dependerá de gestos de horizontalidad que, por ahora, cotizan en bolsa en la escena cordobesa.
