La legendaria voz de «Eclipse total del corazón» falleció en un centro médico de Portugal, país donde residía. Había sido intervenida quirúrgicamente de urgencia en mayo pasado debido a una afección intestinal de la que no logró recuperarse.
El universo de la música pop y rock internacional despide a una de sus intérpretes más singulares y potentes. Bonnie Tyler, la célebre cantante galesa que conquistó los rankings globales en la década de 1980, falleció a los 75 años de edad en un hospital de Portugal. La triste noticia fue confirmada de manera oficial por su círculo íntimo y su equipo de trabajo mediante un comunicado difundido a través de sus plataformas digitales oficiales, manifestando encontrarse «desconsolados» ante la pérdida.
El deceso de la artista se produjo de forma inesperada mientras permanecía bajo estricto tratamiento médico en el país luso, donde se había radicado hacía varios años en la región sureña de Algarve en busca de un clima favorable para su bienestar. El cuadro de salud de Tyler se había deteriorado de manera crítica a mediados del mes de mayo, momento en el que debió ser ingresada de urgencia al Hospital de Faro para someterse a una compleja intervención quirúrgica de carácter intestinal. A raíz de las posteriores complicaciones biológicas derivadas de la operación, el cuerpo médico había optado por inducirle un coma farmacológico con el fin de estabilizar sus parámetros, una afección de la que finalmente no pudo reponerse.
El legado de una voz inconfundible y su mística en Argentina
Con un recorrido profesional que abrazó casi cinco décadas, Bonnie Tyler estructuró su identidad artística alrededor de un registro vocal ronco, rasgado y dotado de una potencia dramática inigualable. Esta impronta interpretativa le valió liderar las listas de reproducción de múltiples continentes y firmar himnos imperecederos de la cultura de masas como «Total Eclipse of the Heart» (Eclipse total del corazón) e «It’s a Heartache».
Precisamente, esta última obra ligó a la artista británica con la cultura popular de la República Argentina de una manera sumamente estrecha y singular. Lejos de las salas de conciertos tradicionales, la melodía pegadiza de «It’s a Heartache» fue absorbida por el entramado folclórico del fútbol argentino. Con el paso de los años, diversas parcialidades e hinchadas locales adaptaron el ritmo de la composición para edificar cánticos de tribuna, utilizándola habitualmente en los estadios como una manifestación de protesta o aliento lírico, un fenómeno sociológico que da cuenta de la transversalidad de su obra en la memoria colectiva nacional. Los restos de la cantante permanecerán en Portugal, la tierra que adoptó para transitar la última etapa de su vida.
