El Gobierno chino cuestionó las «narrativas amenazantes» de Washington y los llamados a desacelerar el desarrollo tecnológico, mientras académicos ven inviable un acuerdo de regulación bilateral por motivos de seguridad nacional.
El Gobierno de China criticó con dureza las posturas de confrontación y las declaraciones sobre una «competencia maliciosa» impulsadas por Estados Unidos en torno al control de la inteligencia artificial. A través de su portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, Pekín advirtió que los discursos de amenaza y rivalidad geopolítica entorpecen la gobernanza global y no benefician a ninguna potencia. Las declaraciones de la cancillería china surgen en respuesta a las recientes llamadas del CEO de Anthropic, Dario Amodei, y de líderes de OpenAI para desacelerar el avance de la tecnología, planteando como argumento la necesidad de evitar que el gigante asiático tome la delantera en la carrera tecnológica.
A pesar de que el presidente estadounidense Donald Trump ha reafirmado que su prioridad estratégica es acelerar el desarrollo para sostener el liderazgo sobre Pekín, desde el gobierno de Xi Jinping enfatizaron la urgencia de equilibrar el desarrollo con la prevención de riesgos y la seguridad nacional. A través del ministro de Seguridad del Estado, Chen Yixin, el régimen chino alertó sobre el uso de la IA por parte de «fuerzas hostiles» e inteligencias extranjeras. Sin embargo, analistas internacionales como Chang Jun Yan señalan que la posibilidad de un tratado bilateral de regulación entre ambas potencias resulta prácticamente imposible, dado que ambas naciones consideran la supremacía en inteligencia artificial como un pilar crítico de su infraestructura estratégica y militar.
