El nuevo ministro coordinador se posiciona como el principal articulador entre la Casa Rosada y el Centro Cívico de Córdoba. El llaryorismo lee el recambio ministerial como una oportunidad para destrabar fondos clave y tejer acuerdos políticos, en un escenario cruzado por la disputa territorial con los libertarios puros.
La mesa de negociaciones entre la Presidencia de la Nación y el gobierno de la provincia de Córdoba ingresó en una fase de «reseteo» estratégico. Tras el recambio en la Jefatura de Gabinete que determinó el ascenso de Diego Santilli como nuevo ministro coordinador en reemplazo de Manuel Adorni, los puentes institucionales comenzaron a reactivarse bajo una lógica de pragmatismo y conveniencia mutua. En el Panal consideran que el perfil negociador del dirigente de origen porteño favorecerá un entendimiento integral que combine fluidez en la gestión diaria y canales abiertos frente a las futuras metas electorales.
El gobernador Martín Llaryora formó parte de la primera línea de mandatarios provinciales que acompañó a Santilli durante su ceremonia de jura. La presencia del cordobés respondió a una invitación formal cursada directamente por el presidente Javier Milei, interpretada en los despachos oficiales como una señal de distensión luego de meses marcados por acusaciones cruzadas y fricciones en el tratamiento de proyectos legislativos. El reordenamiento del organigrama nacional funciona como el argumento ideal para abrir un compás de espera y reevaluar los alineamientos en el Congreso.
Las claves del nuevo vínculo institucional
El armado político cordobés cifra expectativas positivas en la centralidad operativa que adquirió Santilli dentro del esquema libertario, basándose en tres ejes prioritarios:
- Sintonía en la gestión: A diferencia del período previo comandado por Guillermo Francos, la relación técnica con el nuevo ministro coordinador muestra un dinamismo superior. La agenda prioritaria incluye la reactivación del flujo de Aportes del Tesoro Nacional (ATN), un renglón presupuestario en el que Córdoba venía relegada respecto a provincias vecinas como Santa Fe o Entre Ríos.
- Coincidencia de objetivos: Ambos espacios se enfrentan a desafíos de reelección de cara a la contienda de 2027. Mientras el ministro de Gobierno cordobés, Manuel Calvo, diseña la estrategia para un segundo mandato de Llaryora, los colaboradores de Santilli hacen lo propio para consolidar la base de sustentación que garantice la continuidad del proyecto libertario a nivel país.
- El dilema del votante común: Tanto La Libertad Avanza como el cordobesismo disputan un mismo núcleo duro de electores de clase media y perfil productivo en el territorio mediterráneo, lo que impulsa a los armadores de ambas terminales a explorar pactos de no agresión.
«Córdoba es parte de la solución. Trabajamos diariamente en una agenda de gestión constructiva que sostenga el equilibrio fiscal y el desarrollo productivo».
— Consigna transmitida por el ministro de Gobierno cordobés, Manuel Calvo, tras las reuniones mantenidas en la Ciudad de Buenos Aires.
A pesar del optimismo que buscan instalar las segundas líneas del oficialismo provincial, el escenario de tregua convive con señales ambiguas provenientes del riñón libertario. Operadores de la Casa Rosada confirmaron que en recientes encuentros con intendentes cordobeses, organizados por el jefe del bloque oficialista en la Cámara de Diputados, Gabriel Bornoroni, se ratificó la directiva de competir activamente para disputar el control de la provincia. Por el momento, el llaryorismo opta por relativizar la presión de los «puros» locales y confía en que las urgencias parlamentarias del Ejecutivo nacional impondrán la necesidad de sellar alianzas con la estructura del peronismo orgánico cordobés.
