Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central, la irregularidad general trepó al 7,3% en abril de 2026. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales lideran las deudas de los hogares, mientras las consultoras estiman que hay más de 5,3 millones de personas con atrasos severos en sus pagos. Entidades financieras restringen el financiamiento.
La salud financiera de los hogares argentinos muestra su señal más crítica en las últimas dos décadas, asfixiada por el impacto directo sobre los ingresos y el empleo. Este domingo 21 de junio de 2026, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) publicó su Informe sobre Bancos, confirmando que la tasa de morosidad en el segmento de asistencia a las familias escaló al 12,1%, consolidando el registro más adverso desde el año 2004. El indicador a nivel general de todo el sistema bancario subió al 7,3%, acumulando una racha ininterrumpida de 17 meses de incrementos.
El panorama se vuelve todavía más complejo fuera del circuito bancario tradicional. Las estadísticas de la autoridad monetaria revelaron que la irregularidad entre los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC) —como las cadenas de retail o las mutuales— ya alcanza un preocupante 31,5%. A partir de estas cifras consolidadas, un informe técnico de la consultora 1816 estimó que existen 5,3 millones de ciudadanos que registran al menos un crédito irregular con retrasos que superan los 90 días, lo que representa al 26,7% del universo total de personas que poseen algún tipo de financiamiento en el país.
«El nivel de mora se amesetó en los últimos registros y dejó de crecer de manera acelerada. La situación actual del sistema demanda una reestructuración activa de pasivos con los clientes, apoyada en la estabilidad de las tasas de interés». — Análisis coyuntural de Gustavo Manríquez, CEO de Banco Supervielle, durante el foro AI in Finance.
El desagregado oficial del BCRA expuso el mapa de la irregularidad según el tipo de asistencia económica, evidenciando un comportamiento dispar entre el consumo y el sector corporativo:
- Financiamiento al consumo en rojo: Las líneas que más sufren la falta de pago son los préstamos personales, que lideran el indicador con un 14,8% de mora, seguidos de cerca por los saldos de las tarjetas de crédito, que se elevaron al 11,2% tras registrar picos mensuales del 12,5%.
- Empresas estables y una excepción: La cartera comercial corporativa se mantuvo mucho más sólida, pasando apenas del 3,1% al 3,3% de mora. La única línea en todo el sistema que logró mejorar sus índices fue la prefinanciación de exportaciones, reduciendo su irregularidad al 0,5%.
- Grifo de crédito cerrado: Para evitar un perjuicio mayor en sus balances, los bancos profundizaron un repliegue preventivo. El saldo real de financiamiento en pesos al sector privado cayó un 0,9% en abril y un 0,2% adicional en mayo, afectando directamente el consumo de los hogares a pesar de que los depósitos crecieron un 1,7%.
Especialistas del sector explicaron que la rigidez de las normativas vigentes también juega un rol en los números finales. El consultor Pablo Curat advirtió sobre el impacto de la circular de «arrastre» del Banco Central, la cual obliga a las entidades financieras a degradar la calificación total de un cliente si sus deudas representan el 40% o más de su pasivo general en el sistema, aun cuando se encuentre al día con el resto de sus compromisos individuales. A pesar de este freno al consumo familiar a corto plazo, la autoridad monetaria destacó un dato alentador: la probabilidad de default estimada (PDE) se redujo por tercer mes consecutivo al ubicarse en 2,6%, mientras que los relevamientos de la Cámara Argentina Fintech y el ITBA ya ratifican una desaceleración en el ritmo de morosidad de las billeteras virtuales.
