El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, confirmó que se alcanzó el texto definitivo del «Memorándum de Islamabad» y se prepara una rúbrica electrónica inmediata. Pese al optimismo del canciller iraní, la Casa Blanca —a través de JD Vance— bajó el tono y negó un desbloqueo automático de fondos. En paralelo, persisten los cruces armados y la tensión extrema en el estrecho de Ormuz.
La guerra de Medio Oriente, iniciada el pasado 28 de febrero tras los devastadores ataques aéreos de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, se encuentra ante su punto de inflexión diplomático más decisivo. Este sábado 13 de junio de 2026, el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, anunció que el texto final del acuerdo de paz está completamente consensuado y se encamina a ser firmado de forma electrónica dentro de las próximas 24 horas. Pakistán, que actúa como el principal canal de mediación internacional desde el frágil alto el fuego pactado el 8 de abril, busca blindar el entendimiento frente a lo que denunció como una campaña de sabotaje informativo por parte de actores regionales.
La modalidad de la rúbrica expuso las primeras diferencias de narrativa entre las potencias involucradas. Mientras el presidente estadounidense Donald Trump sugirió inicialmente una cumbre presencial con foto oficial en Europa, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, lo descartó de plano. El canciller iraní detalló que se avanzará mediante un protocolo digital a distancia: “La firma se realizará en la primera fase de forma digital. Cada parte firmará a distancia y luego se anunciará que este memorando de entendimiento ha sido firmado por ambas partes”, explicó el funcionario a la televisión estatal, bautizando formalmente al documento de dos páginas como el Memorándum de Islamabad.
«Lo que han dicho, incluyendo su débil y patética declaración sobre un posible acuerdo, no tiene nada que ver con la verdad. Con ellos no existe la buena fe. ¡Increíble!».
— Descargo de Donald Trump en la red TruthSocial, acusando a Irán de filtrar detalles distorsionados.
El principio de acuerdo, que según voceros occidentales cuenta con un 80% de consenso básico, deja los puntos más espinosos bajo un paraguas de resolución diferida:
- Tregua por 60 días y Ormuz: El borrador estipula un cese total de hostilidades y el compromiso iraní de reabrir el estrecho de Ormuz para normalizar el flujo petrolero mundial, bajo un esquema donde Irán y Omán cobrarían una tasa de servicio de tránsito.
- El programa nuclear, postergado: El texto no define el destino del uranio enriquecido por Teherán ni el desarme definitivo de su infraestructura de centrifugadoras, un debate técnico que las partes aceptaron congelar y renegociar en un plazo de 60 días.
- Freno a los fondos congelados: Mientras el ala militar iraní ligada al líder supremo Mojtaba Jamenei celebró un supuesto desbloqueo inmediato de activos financieros en el exterior, el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, lo desmintió tajantemente en la red X, aclarando que Irán no recibirá «dinero en efectivo» ni alivio del bloqueo naval sin cumplir estrictas metas previas.
La fragilidad del acuerdo de paz quedó en evidencia en el plano estrictamente militar. En las últimas horas, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que sus destructores interceptaron y derribaron una oleada de drones de ataque lanzados por facciones iraníes contra buques comerciales en el estrecho de Ormuz. El Pentágono ratificó que mantendrá inflexible el bloqueo marítimo activo —con 139 barcos desviados y 9 desactivados desde el 13 de abril— hasta que las firmas digitales queden estampadas en el sistema de mediación pakistaní y se verifique el cese real del fuego en el terreno.
