La investigación liderada por la fiscal Analía Cepede desnudó una metodología de captación basada en el hackeo de cuentas y la manipulación psicológica. El líder de la banda utilizaba la identidad de marcas reconocidas para atraer a sus víctimas.
El caso que conmociona al norte cordobés pone el foco en la sofisticación de los delitos informáticos. El principal investigado, alojado en Sierra Chica, no solo captaba a las jóvenes de 14 a 16 años con promesas de remuneraciones de 80 mil pesos, sino que utilizaba técnicas de ingeniería social para tomar control de sus redes sociales. Una vez con el dominio de los perfiles de las víctimas, la estafa laboral se transformaba en una extorsión sexual y económica bajo amenazas de muerte.
El expediente judicial detalla que el agresor exigía transferencias bancarias de hasta 100 mil pesos, calificándolas como «multas» por supuestos incumplimientos de contrato. Los allanamientos realizados en Buenos Aires permitieron identificar a dos colaboradoras que facilitaban la logística externa de la red, mientras que en el penal se secuestraron los dispositivos que el recluso utilizaba para gestionar los ataques. La causa, que ya acumula 13 denuncias, avanza bajo estricto secreto de sumario.
