A pesar del derrumbe de las transferencias de la Casa Rosada y la caída de la recaudación por la recesión, la Provincia logró cerrar el primer cuatrimestre de 2026 con saldo positivo. La clave: una poda drástica del gasto público y la postergación de obras.
El Ministerio de Finanzas de Córdoba presentó un balance que muestra la delicada ingeniería contable para sostener el equilibrio fiscal. En un contexto donde los ingresos reales cayeron por la baja actividad económica y el corte total de fondos discrecionales de la Nación, la administración de Martín Llaryora logró contener el impacto. El resultado financiero arrojó un superávit, pero los funcionarios advierten que no hay margen para el alivio: el excedente se mantiene gracias a una reducción real de las partidas destinadas a funcionamiento y una fuerte selección de la inversión pública.
La «motosierra» provincial se sintió principalmente en las transferencias de capital y en el control estricto de la pauta salarial, que se ha movido por debajo de la inflación en varios tramos del año. Desde el Panal explican que este ahorro es el «seguro de vida» para garantizar los servicios esenciales (Salud, Educación y Seguridad) y para cumplir con los vencimientos de la deuda en dólares, en un escenario donde el flujo de fondos desde Buenos Aires es prácticamente nulo.
