Aunque la agenda de Axel Kicillof para este viernes se presenta bajo un estricto sello «institucional», la realidad en los municipios peronistas dicta lo contrario. Su llegada a La Falda y Cosquín ha desatado una puja silenciosa entre intendentes cordobeses que, desafiando la distancia marcada por el Centro Cívico, buscan forzar un contacto con quien hoy lidera las encuestas opositoras. Sin invitaciones formales, pero con la presión del territorio, un nutrido grupo de jefes comunales ya organiza gestiones de último momento para estar presente en la firma de convenios o en los actos gremiales. La visita no solo mide la popularidad de Kicillof en la provincia, sino que funciona como un test de lealtad para un «Partido Cordobés» que empieza a mostrar fisuras en su base territorial.
El análisis de este movimiento revela una dinámica de «autoconvocados» y señales de autonomía que preocupan al armado oficialista.
1. El operativo «Sin foto, pero con presencia»
La consigna que circula entre los despachos municipales es clara: no hay que esperar el permiso, hay que estar.
- Presión desde las bases: Intendentes como Raúl Cardinali (Cosquín) han blanqueado vínculos directos con Kicillof de larga data, remarcando que el diálogo es «sin intermediarios de la política provincial».
- Los puntos de encuentro: El congreso de Fatsa en La Falda y la firma de convenios en Cosquín son los lugares elegidos para forzar el contacto. Incluso se prevé una presencia masiva en la visita a la UTN en Córdoba Capital, buscando esa imagen que el protocolo oficial intenta evitar.
2. El grupo de los «Viajeros»: el antecedente de Buenos Aires
La ansiedad de los intendentes no es nueva. La semana pasada, un grupo de mandatarios ya había dado el primer paso visitando Buenos Aires para reunirse con figuras como Victoria Tolosa Paz y Juan Manuel Olmos.
- Nombres en la mira: Sergio Temporini (Colazo), Osvaldo Villar (La Playosa), Jorgelina Domínguez (Bengolea), Gisela Barrionuevo (Santa Eufemia) y Fernando Ruiz Díaz (Pozo del Molle) son los nombres que suenan para encabezar la comitiva informal que recibirá a Kicillof.
- Reconfiguración 2027: Estos movimientos revelan que una parte del PJ del interior busca un lugar en el radar nacional, ante la incertidumbre de cómo se moverá el esquema de Martín Llaryora frente al avance libertario.
3. El factor Caserio y el armado de Punilla
Carlos Caserio vuelve a escena como el gran articulador de esta gira, operando desde las sombras para que el perfil institucional de la visita tenga un alto impacto político.
- El «Impenetrable» se abre: La elección de Punilla como base de operaciones no es casual. Es un territorio que Caserio conoce al detalle y donde Kicillof puede mostrar gestión (a través de convenios de salud y turismo) en una zona clave para el peronismo cordobés.
- Tensión con el Panal: Mientras Llaryora ratifica su distancia del kirchnerismo en los medios, sus propios intendentes miden hasta dónde pueden estirar la cuerda sin romper con el modelo local, pero sin quedar afuera de la «conversación nacional» que encabeza el bonaerense.
La visita de Kicillof actúa como un imán para el peronismo de base cordobés. El desafío para el gobernador bonaerense será gestionar esa «puja de intendentes» sin generar una crisis institucional con Llaryora, mientras que para los jefes comunales locales, el viernes será el día de demostrar si el cordobesismo es un bloque monolítico o si el magnetismo de la Casa de Gobierno de La Plata ya empezó a penetrar en el corazón de la provincia.
